· Ciencias del Comportamiento & Estrategia
Liderazgo anticipatorio: decidir antes de que el problema tenga nombre
Toda crisis que un directorio gestiona a las corridas fue, meses antes, una decisión que nadie quiso tomar. Dos sesgos explican esa demora, y hay cuatro prácticas concretas para desarmarla.
Hay una escena que se repite en casi todas las organizaciones que acompaño. Un comité se reúne de urgencia, con la agenda tomada por un problema que estalló esa misma semana, y alguien dice en voz baja la frase que lo explica todo: «esto se veía venir». Casi siempre es cierto. Alguien lo había visto, alguien lo había mencionado, y la conversación se aplazó porque había cosas más urgentes.
El modo reactivo tiene una virtud engañosa: se siente productivo. Resolver una crisis deja una sensación de eficacia que ninguna decisión preventiva puede igualar, porque lo que se previene no se ve. Nadie recibe un reconocimiento por el incendio que no ocurrió. Ese desequilibrio no es un defecto de carácter de los directivos: es la manera en que funciona la atención humana, y por eso mismo se puede corregir con diseño en lugar de con voluntarismo.
El costo invisible de decidir siempre tarde
Cuando una organización decide tarde de manera sistemática, el daño no aparece en una línea del balance. Aparece repartido: en el talento que se fue mientras se discutía si había un problema de clima, en el mercado que ocupó otro antes, en la deuda técnica que ahora cuesta cinco veces más que hace dos años. Ninguna de esas partidas se llama «demora», y por eso nadie la audita.
El liderazgo anticipatorio no consiste en acertar más pronósticos. Consiste en acortar la distancia entre el momento en que una señal aparece y el momento en que alguien está autorizado a actuar sobre ella. Esa distancia es medible, es cultural y, sobre todo, es modificable.
Dos sesgos que empujan la decisión hacia adelante
Las ciencias del comportamiento identifican con precisión por qué esa distancia se estira. Hay dos mecanismos que operan casi siempre juntos.
El primero es el descuento temporal: el cerebro le asigna menos valor a una consecuencia cuanto más lejos está en el tiempo. No es que el directivo ignore el riesgo del año que viene; es que lo siente menos que la reunión de mañana. Por eso un plan de sucesión se posterga tres trimestres seguidos sin que nadie tome nunca la decisión explícita de postergarlo. Se posterga solo, por acumulación de urgencias legítimas.
El segundo es el sesgo de optimismo, que en la vida corporativa se manifiesta sobre todo como falacia de planificación: los proyectos se estiman con los tiempos, los costos y los riesgos del escenario en que todo sale bien. Lo llamativo es que la experiencia no lo corrige. Un equipo que subestimó los últimos cuatro proyectos vuelve a subestimar el quinto, porque cada retraso anterior se explica como una excepción irrepetible.
Juntos producen un patrón reconocible: se planifica con optimismo y se posterga con realismo. La combinación garantiza que el problema llegue a la mesa cuando ya no hay margen para elegir, solo para reaccionar. Auditar esos sesgos antes de que produzcan la decisión es justamente lo que sistematiza el Framework C.O.I.N., la matriz que uso para medir riesgo conductual en comités de dirección.
Cuatro prácticas para decidir con anticipación
La buena noticia es que ninguno de estos sesgos requiere terapia organizacional para atenuarse. Requiere procedimientos. Estas cuatro prácticas son las que más rendimiento dan por unidad de esfuerzo.
- El pre-mortem antes de aprobar, no después de fracasar. La técnica es de Gary Klein y consiste en pedirle al equipo que se ubique un año en el futuro, asuma que el proyecto fracasó y explique por qué. El cambio de tiempo verbal es lo que la hace funcionar: preguntar «¿qué podría salir mal?» invita a tranquilizar, mientras que «¿por qué salió mal?» obliga a producir causas. Además legitima al escéptico del equipo, que en la reunión normal aprende a callarse.
- Diversidad cognitiva real, no declamada. Un comité donde todos comparten formación, generación y trayectoria detecta menos amenazas, no porque sus integrantes sean menos capaces, sino porque sus puntos ciegos se superponen. La pregunta útil no es cuán diverso es el equipo en el papel, sino cuándo fue la última vez que alguien cambió de opinión en una reunión. Si la respuesta no aparece, el comité está confirmando en lugar de decidir.
- Empujones que trabajen a favor del largo plazo. Richard Thaler mostró que la arquitectura de una elección determina el resultado tanto como la elección misma. Trasladado a una organización: si el tablero mensual solo muestra indicadores del trimestre, la conversación va a ser trimestral por más que el discurso sea estratégico. Poner la revisión de riesgos estructurales como punto fijo de la agenda -- y primero, no último -- hace más por la anticipación que cualquier exhortación. Es el mismo principio que desarrollé en arquitectura de decisiones: el entorno decide antes que las personas.
- Humildad intelectual con estatus. En la mayoría de los comités, decir «no lo sé» tiene costo reputacional, así que nadie lo dice y la incertidumbre circula disfrazada de certeza. Cambiar eso no depende de un valor declarado en la pared: depende de que el número uno lo haga primero y en público. La humildad intelectual se instala por imitación de quien tiene autoridad, nunca por instructivo.
Anticipar no es predecir
Conviene deshacer un malentendido frecuente. Anticipar no es acertar qué va a pasar; es reducir la cantidad de escenarios que encontrarían a la organización sin preparación. Un directorio que trabajó tres futuros posibles no adivinó ninguno, pero llega a la sorpresa con un repertorio de respuestas que el que no lo hizo tuvo que improvisar bajo presión, que es la peor condición posible para pensar. Entrenar ese criterio para que resista el apuro es el objeto del programa Decidir como un Experto.
La pregunta que dejo para la próxima reunión de comité no es qué problema hay que resolver. Es esta otra: ¿cuál es el problema que hoy nadie tiene tiempo de mirar y que dentro de dieciocho meses va a ocupar la agenda entera? Casi siempre alguien en la sala ya lo sabe. La tarea del liderazgo es que esa persona pueda decirlo a tiempo.
Si querés trabajar esta capacidad con tu equipo directivo, podés ver el catálogo de programas ejecutivos o escribirme para revisar el caso puntual que tenés sobre la mesa.
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